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El infinito en pocas palabras 
La conversación en torno a preguntas disparadoras sobre nuestro recorrido lector
Por Daniela Azulay Publicado en Consignas Tinkuyanas 0 Comentarios 7 min lectura
María Elena Walsh Anterior Clarice Lispector Siguiente

Si hay algo que nos conmueve con las consignas tinkuyanas de nuestros programas de radio, son las conversaciones que se generan y se van entramando en relación a la lectura y a la escritura. Por eso, cada vez que una consiga aparece, la conversación se alimenta y crece.

¿Qué libros leerías infinitas veces? fue la primer pregunta que lanzamos al aire en el inicio de nuestra octava temporada de Tinkuy (2019). Y me llevó a pensar en la relectura.

En su ensayo Por qué leer a los clásicos, Ítalo Calvino escribió “En la vida adulta debería haber un tiempo dedicado a repetir las lecturas más importantes de la juventud…». Yo redoblo esa apuesta dos veces y propongo que la relectura puede ser interesante a cualquier edad, y no solo de clásicos.

La red entonces se delimita como un espacio que posibilita intercambios entre pareceres, textos literarios, nuevas lecturas, relecturas, recomendaciones, en donde empiezan a circular títulos, autores, temáticas, ideas, posibilidades.

En este diálogo la relectura apareció desde distintas aristas, por ejemplo, la dificultad para elegir uno, todo lo que queda afuera cuando se selecciona algo. La pasión por un libro al que siempre se regresa, la de un autor o autora que se convierte en alguien a quién seguir. Las épocas en las que una anda con ciertas lecturas, ciertos universos literarios en torno, que de pronto cambian. La poesía y los ensayos como textos a los que se puede volver una y otra vez. La relectura de novelas: la de quienes las releen enteras, quienes lo hacen siguiendo fragmentos al azar, quienes retoman ciertas marcas de la lectura anterior y, por último, quienes jamás la volverían a agarrar.

Otra cuestión es la lectura para otros, para otras, esos libros que se pueden leer y releer sin cansancio. O por el contrario, aquellos títulos que una no puede releer más. También surgen interrogantes, tensiones en relación a leer y volver a leer, como la oyente que comentó que sí, que hay libros que pueden ser para leer varias veces, pero que infinito le parece una exageración para cualquier libro.

Surge también la relectura como ese deseo de volver a esos libros con los que nos sentimos identificados, o esos libros que nos trasladan a una época determinada de nuestra vida. El miedo a la desilusión, o la desilusión misma, cuando se relee buscando algo que finalmente no se encuentra y dispara preguntas… ¿Este era el libro que me había volado la cabeza?, o ¿Por qué habré subrayado este fragmento? Es que como lectores, vamos construyendo, leemos al decir de Barthes, levantando la cabeza, asociando pensamientos e ideas, que no son los mismos cada vez.

También en la conversación se arma el deseo de seguir pensando. La pregunta sobre qué libros leerías infinitas veces habilita el deseo, es un potencial: “Leería infinitas veces tal o cual…” O puede ser un hecho: “lo leí muchas veces, es mi favorito del universo.”

Nos convoca la relectura –por deseo, por necesitar comprender mejor el texto, como modalidad o con el objetivo de retornar a un texto en un momento distinto de nuestro recorrido vital- y el subrayado, la marca sobre ese texto, que nos permite volver a pasar por esas zonas que nos impactaron más. Aparecen la conversación y la inspiración a partir de los libros que otras personas proponen. Y el escenario laboral: esos libros que se leen para el trabajo y que muchas veces tienen algo nuevo para ofrecer, para descubrir.

La idea de pérdida de tiempo, que podría esconder el miedo a no poder leerlo TODO se asoma. Como si fuera posible leerlo todo…

Calvino, como comentaba una oyente, escribió en El vizconde demediado: «Cada encuentro de dos seres en el mundo es un desgarrarse”. Pienso ese desagarrarse como eso que nos deja una marca. Muchas veces es una gran aventura animarse y volver a leer aquellos libros con  los que tuvimos algún encuentro.

    Algunos títulos y autores que entraron en conversación, por si alguien se quiere asomar

  • 20.000 leguas de viaje submarino
  • Abelardo Castillo
  • Almudena Grandes
  • Ana Karenina, de Tolstoi
  • Aura de Fuentes
  • Carlos Luis Zafón
  • Castaneda
  • Cien años de soledad, de García Márquez
  • Ciudades Invisibles de Italo Calvino
  • Claraboya, de Saramago
  • Cometas en el cielo
  • Como una novela, de Pennac
  • Cuentos de Eva Luna de Isabel Allende
  • Cuentos de la selva, de Horacio Quiroga
  • Daniel Moyano
  • De que hablo cuando hablo de correr, de Murakami
  • Dónde estás con tus ojos celestes, de Daniel Moyano
  • Donde viven los monstruos, de Sendak
  • Dos veces junio, de Martín Kohan
  • El aleph, de Borges
  • EL amor brujo, de Arlt
  • El amor en los tiempos de cólera, de García Márquez
  • El barón rampante, de Calvino
  • El conde de Montecristo, de Dumas
  • El corazón helado de Almudena Grandes
  • El espejo Africano, de Bodoc
  • El hombre que amaba a los perros, de Padura
  • El jardín de los venenos. de Cristina Bajo
  • El mar y la serpiente, de Paula Bombara
  • El origen perdido, de Matilde Asensi
  • El péndulo, de Foucault
  • El principito, de Saint Exupery
  • El señor de los anillos, de Tolkien
  • El teatro y su doble, de Artaud
  • El tiempo entre costuras, de María Dueñas
  • El túnel, de Sábato
  • El vizconde demediado, de Calvino
  • Elena Ferrante
  • Ensayo sobre la ceguera de Saramago
  • Entre mi hijo y yo la luna, de Carlos Paez Villaró
  • Eva Luna de Isabel Allende
  • Fahrenheit 451, de Bradbury
  • Gotán, de Juan Gelman
  • Gustavo Roldán
  • Historias de cronopios y de famas, de Cortázar.
  • Jane Eyre, de Charlotte Brontë
  • Juicio a los humanos de José A.Jauregui
  • La balada de álamo carolina, de Haroldo Conti.
  • La balada del Álamo Carolina, de Conti
  • La balsa de piedra, de José Saramago
  • La divina comedia, de Dante
  • La elegancia del erizo, de Muriel Barbery
  • La historia sin fin, de Michael Ende
  • La increíble y triste historia de la cándida Erendira y su abuela desalmada, de García Márquez
  • La lluvia sabe porque, de María Fernanda Heredia
  • La madre y la muerte / La Partida
  • La mujer habitada de Gioconda Belli
  • La odisea, de Homero
  • La pequeña vendedora de prosa, de Daniel Pennac
  • La poesía de Alfonsina Storni
  • La Sacramento de Estela Smania
  • La Saga de los Confines de Bodoc
  • Las intermitencias de la muerte
  • Las metamorfosis, de Ovidio
  • Las venas abiertas de América Latina
  • Los desposeídos
  • Los de Víctor Hugo
  • Lucía no tardes, de Sandra Siemens
  • Luis Cernuda
  • Malos poetas, de Luis Gruss
  • Mascaró de Conti
  • Matilda, de Roald Dahl
  • Memorias impuras, de Bodoc
  • Mi planta de naranja lima, de Vasconcelos
  • Mil grullas, de Elsa Bornemann
  • Mujercitas, de L. M. Alcott
  • Mujeres de ojos grandes, Ángeles Mastretta
  • Niña bonita, de Ana María Machado
  • Orgullo y prejuicio de Jane Austen
  • Para que no me olvides, de Marcela Serrano
  • Paula de Isabel Allende
  • Perdida en el momento, de Patricia Suárez
  • Poemas para chicos enamorados, de Elsa Bornemann
  • «Quo Vadis” de Sienkiewicz
  • Rayuela, de Cortázar
  • Rimas y leyendas, de Gustavo Adolfo Bécquer
  • Rosalinde tiene ideas en la cabeza, de Nöstlinger
  • Secretos de familia
  • Seda, de Baricco, en la versión ilustrada por Rebecca Dautremer
  • Stefano, de Andruetto
  • Sucedió en colores, de Liliana Bodoc
  • Susy Lee
  • T. S. Eliot
  • Tierra de Hombres, o cualquier otro de Saint Exupery que no sea Le Petit Prince
  • Un mago de Terramar, de Úrsula K. Le Guin.
  • Un tal Lucas, de Cortázar
  • El libro vaquero
  • Violin y otras cuestiones, de Juan Gelman.
  • Voces en el parque, de Anthony Browne
  • Zapatos italianos, de Henning Mankell

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